Es posible, si los algoritmos os llevan por caminos online no muy distintos a los míos, que alguna vez os hayan saltado noticias o publicaciones con frases extraídas de alguno de los libros del filósofo surcoreano Byung-Chul Han. No sé qué opinará el propio pensador de esta circunstancia digital que atañe a su obra en el mundo de internet, pero creo que le debe producir cierta contradicción o sensación de paradoja, teniendo en cuenta lo que escribe el propio aludido acerca de la actual sociedad tecnológica e informatizada.
El caso es que no he podido (ni tampoco he querido) evitar el sucumbir a ese pequeño bombardeo de ideas disruptivas de Byung-Chul Han, y me he leído un par de libros suyos. Y resulta que, en uno de ellos, “Psicopolítica” (2014), trata, como acabo de mencionar, el tema de la influencia de la tecnología en el actual sistema neoliberal que rige el mundo desarrollado. Por lo tanto, no podía dejar de aprovechar la ocasión para mencionarlo por aquí, no solo porque es materia válida para alimentar contenido en este blog, sino porque incluso su perspectiva casa mucho, por momentos, con nuestra propia filosofía de vernos perdidos como pulpos en la nube.
El libro dedica su capítulo más largo al Big Data, así que el peso de la temática no es menor para el coreano. Pero antes de eso, ya deja caer un apunte sobre un hecho histórico: El primer anuncio, hace ya 42 años, del ordenador Macintosh de Apple. Como aquello ocurrió en 1984, la compañía de Steve Jobs aprovechó para hacer una comparación con la novela 1984 de George Orwell, en la que la sociedad estaba completamente sumisa ante un sistema disciplinario y, sobre todo, hipervigilante. Apple daba a entender que, gracias a su tecnología, el año 1984 real iba a ser todo lo contrario: Un mundo de libertad y soberanía para todos sus ciudadanos. Ahora que vemos el desarrollo posterior de la tecnología y hacia dónde hemos llegado, sin olvidar aquello como un hito fundamental en ese viaje, no hace falta pensar mucho acerca de si estamos o no hipervigilados, entregando todos nuestros datos en apps y webs, aceptando las cookies, etc., etc.
Ya en el propio capítulo sobre Big Data, Byung-Chul Han destaca que precisamente esta tecnología en concreto es la que, más allá de permitir una vigilancia de las personas y su comportamiento, además tiene el poder de imponerlas un control psicológico – político (“psicopolítico”). Pone el ejemplo de la compañía de big data Acxiom, cuyo lema publicitario era “le ofrecemos una visión de 360º sobre sus clientes”, y que luego hemos visto reproducido de forma similar en muchas otras empresas de datos y marketing. Esos 360º suponen que no se les escapa nada, que todo está vigilado, desde todos los ángulos. De hecho, más adelante Han destaca que Acxiom sabe más de los ciudadanos de Estados Unidos que el mismísimo FBI. Tras ello explica que esta empresa divide a las personas en clases según su valor para el mercado, teniendo en cuenta sus datos. La clase más baja de todas es denominada la basura, la improductiva, los desechos, los que estorban, lo que no interesan: Efectivamente, amigos, es ese lugar del ciberespacio en el que están los pulpos en la nube, porque ellos también tienen smartphone para dejar reflejado a qué clase pertenecen.
Este filósofo apunta otras ideas interesantes en su libro. Por ejemplo, que, debido a lo ya apuntado, podría decirse que la filosofía imperante actualmente podría llamarse “dataísmo”, que es además una ideología nihilista que anula a todas las demás, y que deja libre el camino al “totalitarismo digital”. Ese nihilismo ocurre porque todo conocimiento queda cubierto por una infinidad de datos correlacionados entre ellos, sin que, según Hal, nadie se ocupe de buscar ya las causas de las cosas: “Esto es así porque este dato conduce a este otro, y punto”. Eso también se manifiesta en el denominado “Quantified Self”, que alude a la posibilidad de medir con dispositivos todo tipo de datos biológicos de nuestro cuerpo y mente: Un aluvión de información numérica que sustituye, dice el coreano, al verdadero conocimiento de uno mismo. También habla de cómo el Big Data tiene la capacidad de hacer visibles partes de nuestra personalidad o nuestro subconsciente que ni nosotros mismos conocemos, pero el sistema si va a conocer para poder vendernos productos o condicionar nuestros votos.
Finalmente, no voy a soslayar la cuestión que realmente le hace sentir a uno como un pulpo en la nube al leer este libro de Byung-Chul Han, aunque creo que es obvia: Filosofía, psicología, política… ¿de verdad no tenía suficiente el pulpo con la tecnología…?